Uno ya no puede ni leer tranquilo el periódico con tanto juntaletras como anda suelto por ahí. Aunque como reza este blog mi corazón es txuribeltz y rojiblanco (el orden de los factores en este caso es indisoluble que diría el otro) como lector del primer periódico de la provincia acostumbro a detenerme en las páginas de información sobre el enemigo y cuál es mi sorpresa cuando ayer encuentro un error garrafal, mayúsculo, impropio de gente que se precie de conocer el fútbol de la provincia, de TODA la provincia (que aunque a algunos les duela Gipuzkoa empieza en Irun).
Titular gigantesco: “La Real no juega un partido de Liga contra un equipo guipuzcoano desde 1941”. (http://www.diariovasco.com/20070831/deportes/beti-erreala/real-juega-partido-liga-20070831.html) Falso, falso, falso. ¿Cómo se puede ser tan torpe? Se me revuelve el estómago y se me suben los colores. No tengo más que consultar alrededor, a las fuentes que me amamantaron y me enseñaron mi Credo futbolístico. Eso y una mirada a la historia del Real Unión permite corroborar el error, por lo que raudo y veloz elevo mi voz en misiva a El Diario Vasco:
Imprecisión histórica
Escribe Fernando Becerril en la sección de deportes que “la Real no juega un partido de Liga contra un equipo guipuzcoano desde 1941”. Si no me equivoco, ese dato es incorrecto dado que Real Unión y Real Sociedad coincidieron en Segunda División en la temporada 64/65 en partidos disputados el 22/11/1964 y el 07/03/1965. Fue la única temporada de esa época que el Real Unión permaneció en Segunda y coincidió con el equipo de la capital, y dicho último partido finalizo con victoria unionista por 1-3.
Por tanto, “las circunstancias del fútbol” tardaron un poco más en romper “la vieja rivalidad entre Real Unión y Real Sociedad”, una rivalidad que algunos todavía mantenemos y confiamos tener ocasión de reeditar dentro de poco, ahora que estamos un poquito más cerca de los vecinos. ¡Aupa Unión!
Ciertamente, no tenía esperanzas de que la publicaran y, en efecto, una vez más y ya van unas cuantas no me han publicado la carta, pero al menos han tenido la vergüenza torera de, en su edición impresa de hoy, recoger su error en un breve. Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios, y a los unionistas lo nuestro.
P.D. Nos deben de tener manía porque hace quince días, con motiva de la Semana Grande donostiarra, y en entrevista a Natxo de Felipe, decían “Joan den ostegunean Donostiako Konstituzio Plazan izan genuen Gipuzkoako hiriburuko Udal Bandarekin batera Banda band biraren aurreneko kontzertua eskaintzen”. Más juntaletras. Tocaron con la Banda de Música “Ciudad de Irún”. De hecho creo que San Sebastián no tiene banda municipal.
sábado, 1 de septiembre de 2007
viernes, 24 de agosto de 2007
En capilla
Agosto va terminando lo cual tiene su parte buena y su parte mala, como todo. Lo positivo es evidente... VUELVE EL FÚTBOL. Servidor se amolda a cualquier tipo de acontecimiento deportivo retransmitido por radio o televisión y el verano es fenomenal para disfrutar de las regatas de traineras (aunque este año algunos más que disfrutar estamos padeciendo con la trainera verde, que no acaba de carburar), de la pelota, etc, pero un domingo sin fútbol... c’est ne pas la même chose.
Lo reconozco, soy un auténtico enfermo futbolero (a algunas mentes simples no nos da para más) por lo que esta tarde he estado poniéndome en situación para lo que viene repasando cortes radiofónicos del año pasado y viejos recortes de periódico de tiempos más gloriosos.
Ya lo dijo Ruben Darío:
«Juventud divino tesoro/¡ya te vas para no volver!». Desde luego la gloria de algunos se fue a por tabaco y no se supo más de ella. Pero bueno, como hombre de fe que soy (y viendo además que seguimos conservando la vieja tradición de subir a Begoña a honrar a la Amatxu) apuesto por una buena campaña, por recuperar pasito a pasito el lugar preeminente que la Historia nos reservó hace ciento nueve años o, al menos, hacer bien las cosas que, dentro de nuestras creencias, podemos llevar a cabo (y eso que no confío mucho en los gestores actuales, que me parecen muy cercanos a los carteros).
Me conformo con no tener que pasar agonía semejante a la del año pasado, cuando los domingos tocaban misterios dolorosos y los lunes dolor de cabeza. Amén.
Lo reconozco, soy un auténtico enfermo futbolero (a algunas mentes simples no nos da para más) por lo que esta tarde he estado poniéndome en situación para lo que viene repasando cortes radiofónicos del año pasado y viejos recortes de periódico de tiempos más gloriosos.
Ya lo dijo Ruben Darío:
«Juventud divino tesoro/¡ya te vas para no volver!». Desde luego la gloria de algunos se fue a por tabaco y no se supo más de ella. Pero bueno, como hombre de fe que soy (y viendo además que seguimos conservando la vieja tradición de subir a Begoña a honrar a la Amatxu) apuesto por una buena campaña, por recuperar pasito a pasito el lugar preeminente que la Historia nos reservó hace ciento nueve años o, al menos, hacer bien las cosas que, dentro de nuestras creencias, podemos llevar a cabo (y eso que no confío mucho en los gestores actuales, que me parecen muy cercanos a los carteros).Me conformo con no tener que pasar agonía semejante a la del año pasado, cuando los domingos tocaban misterios dolorosos y los lunes dolor de cabeza. Amén.
domingo, 19 de agosto de 2007
Una noche en la ópera: ¡Qué grande es el Cine!
Hoy es uno de esos días señalados en la efeméride cinematográfica puesto que se cumplen 30 años del fallecimiento de Groucho Marx. Como ocurriera entonces, y a pesar de la relevancia del personaje, los medios de comunicación se han acordado discretamente de la fecha a diferencia de lo sucedido con el aniversario de la muerte de Elvis Presley. El 19 de agosto de 1977 Estados Unidos y parte del extranjero seguía todavía conmocionado por la pérdida del rey del rock y la muerte de Groucho pasó de puntillas.
No vamos a hablar aquí de la biografía del hombre del falso bigote y el andar vacilón, puesto que está todo dicho y quien quiera podrá encontrar suficientes referencias. Simplemente una recomendación: acérquense a la filmografía de los Marx y al mundo que los rodeó, historias tan increíbles (algunas de ellos incluso inventadas por el propio Groucho) como las de los hermanos sólo podían dar lugar a películas como las que hicieron.
Algunos, los que sólo saben beber de las exquisitas fuentes del humor y el cine en toda su pureza, todavía los seguirán despreciando y dirán que eso no es cine; puede que así sea, que sus películas sólo sean una excusa para la verborrea e irreverencia de Groucho, la picaresca de Chico y el humor físico de Harpo (a quien el propio Buster Keaton ayudó a preparar alguno de sus gags); que sea humor de vodevil (al fin y al cabo, las acciones y chistes que tan espontáneos parecían en las películas habían circulado previamente por todo el país para ser moldeados y mejorados en función de la respuesta del público de los teatros.
Da igual. Las películas de los hermanos Marx ocupan un lugar en el imaginario popular y cada vez que se visionan se puede descubrir algo nuevo. Si os da miedo el blanco y negro o pensáis que los números musicales están de sobra en la película, puede que tengáis razón, pero eso no debe ser óbice ni cortapisa para darles una oportunidad.
Y para empezar por algún lado, nada mejor que “Una noche en la ópera”, película con no menos de media docena de escenas cómicas memorables y que la mayoría conoceréis:
-La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.
-La escena del camarote.
-...
Además la película es recomendable por partida doble, ya que además de la parte de la risa, incluye grandes escenas de la ópera “Il trovatore” de Verdi. Disfrutadla, y si puede ser, hacedlo en versión original, porque algunos de los números cómicos pierden al ser doblados al castellano.
P.D.: Por supuesto, no podría de faltar una de las innumerables citas que nos dejó Julius: “En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste”.
No vamos a hablar aquí de la biografía del hombre del falso bigote y el andar vacilón, puesto que está todo dicho y quien quiera podrá encontrar suficientes referencias. Simplemente una recomendación: acérquense a la filmografía de los Marx y al mundo que los rodeó, historias tan increíbles (algunas de ellos incluso inventadas por el propio Groucho) como las de los hermanos sólo podían dar lugar a películas como las que hicieron.
Algunos, los que sólo saben beber de las exquisitas fuentes del humor y el cine en toda su pureza, todavía los seguirán despreciando y dirán que eso no es cine; puede que así sea, que sus películas sólo sean una excusa para la verborrea e irreverencia de Groucho, la picaresca de Chico y el humor físico de Harpo (a quien el propio Buster Keaton ayudó a preparar alguno de sus gags); que sea humor de vodevil (al fin y al cabo, las acciones y chistes que tan espontáneos parecían en las películas habían circulado previamente por todo el país para ser moldeados y mejorados en función de la respuesta del público de los teatros.
Da igual. Las películas de los hermanos Marx ocupan un lugar en el imaginario popular y cada vez que se visionan se puede descubrir algo nuevo. Si os da miedo el blanco y negro o pensáis que los números musicales están de sobra en la película, puede que tengáis razón, pero eso no debe ser óbice ni cortapisa para darles una oportunidad.
Y para empezar por algún lado, nada mejor que “Una noche en la ópera”, película con no menos de media docena de escenas cómicas memorables y que la mayoría conoceréis:
-La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.
-La escena del camarote.
-...
Además la película es recomendable por partida doble, ya que además de la parte de la risa, incluye grandes escenas de la ópera “Il trovatore” de Verdi. Disfrutadla, y si puede ser, hacedlo en versión original, porque algunos de los números cómicos pierden al ser doblados al castellano.
P.D.: Por supuesto, no podría de faltar una de las innumerables citas que nos dejó Julius: “En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste”.
miércoles, 15 de agosto de 2007
Una noche en la ópera: la función y la guinda final
Después de todas las vicisitudes sufridas hasta entonces la tarde sólo podía mejorar. Nunca había estado en el auditorio principal del Kursaal y la verdad es que impresiona, sobre todo si tienes la ocasión de ocupar las localidades más altas (las butacas principales habían volado con tremenda rapidez y, evidentemente, las primeras filas quedaban reservadas para los gerifaltes). A pesar de que el escenario quedaba muy lejos y se veía todo pequeño y muy abajo (la próxima vez iré con impertinentes) aquello me parecía la cumbre de los auditorios acostumbrado a la pequeñez, estrechez e incomodidad del Amaia de Irun.
Eso sí, por muy elegante que sea el sitio aquello de que “Aunque la mona se vista de seda mona se queda” se cumple en Irun, en la capital y en Tegucigalpa. Hay mucha gente que va a figurar y que no guarda las mínimas normas de cortesía: ya no hablo de etiqueta, porque aquello de que a la ópera se va de punta en blanco es algo muy clasista y ha quedado en el baúl de los recuerdos, sino de toda esa gente que está esperando a que comience la función para abrir el bolso, sacar el caramelito, quitarle el plástico, carraspear, ... o los que se aburren antes de tiempo y se dedican a mirar la hora en el reloj haciendo uso de su esfera luminosa.
Pero bueno, a pesar de eso y otras cosas, cada vez que se apagan las luces y sube el telón se me pone la piel de gallina porque sé que puedo disfrutar de un espectáculo sin igual, aunque a veces las expectativas superen ligeramente al resultado. La verdad es que la representación no fue memorable; no me voy a meter con el quehacer de los cantantes y los músicos, porque para eso ya están los críticos (a los que muchas veces no hago caso, porque no me considero de sabiduría tal como para apreciar esos detalles de los que hablan sólo por el placer de leerse al día siguiente), pero quizás esperaba algo más de la puesta en escena de la que tanto se había hablado. Tratándose de una historia de fantasía, me pareció un poco escasa de recursos, rozando la racanería. Aún así, la experiencia fue grata y prometo intentar repetir el año que viene.
La música había enderezado la tarde y la guinda al pastel vendría tras la cena, cuando un dúo nos amenizó con sus instrumentos y voces recordando el repertorio clásico vasco nos dio tiempo a recordar a Benito, Oskorri, Mikel Laboa, Pantxoa eta Peio, Xabier Lete, ... Me habría quedado toda la noche. Me sorprendió la cara de algunos transeúntes, manzanillos y chiquilicuatros en su mayoría, que miraban como las vacas al tren como si sus corazones fueran insensibles al espectáculo. Hola altxako degu herria!
Eso sí, por muy elegante que sea el sitio aquello de que “Aunque la mona se vista de seda mona se queda” se cumple en Irun, en la capital y en Tegucigalpa. Hay mucha gente que va a figurar y que no guarda las mínimas normas de cortesía: ya no hablo de etiqueta, porque aquello de que a la ópera se va de punta en blanco es algo muy clasista y ha quedado en el baúl de los recuerdos, sino de toda esa gente que está esperando a que comience la función para abrir el bolso, sacar el caramelito, quitarle el plástico, carraspear, ... o los que se aburren antes de tiempo y se dedican a mirar la hora en el reloj haciendo uso de su esfera luminosa.
Pero bueno, a pesar de eso y otras cosas, cada vez que se apagan las luces y sube el telón se me pone la piel de gallina porque sé que puedo disfrutar de un espectáculo sin igual, aunque a veces las expectativas superen ligeramente al resultado. La verdad es que la representación no fue memorable; no me voy a meter con el quehacer de los cantantes y los músicos, porque para eso ya están los críticos (a los que muchas veces no hago caso, porque no me considero de sabiduría tal como para apreciar esos detalles de los que hablan sólo por el placer de leerse al día siguiente), pero quizás esperaba algo más de la puesta en escena de la que tanto se había hablado. Tratándose de una historia de fantasía, me pareció un poco escasa de recursos, rozando la racanería. Aún así, la experiencia fue grata y prometo intentar repetir el año que viene.
La música había enderezado la tarde y la guinda al pastel vendría tras la cena, cuando un dúo nos amenizó con sus instrumentos y voces recordando el repertorio clásico vasco nos dio tiempo a recordar a Benito, Oskorri, Mikel Laboa, Pantxoa eta Peio, Xabier Lete, ... Me habría quedado toda la noche. Me sorprendió la cara de algunos transeúntes, manzanillos y chiquilicuatros en su mayoría, que miraban como las vacas al tren como si sus corazones fueran insensibles al espectáculo. Hola altxako degu herria!
lunes, 13 de agosto de 2007
Una noche en la ópera: La previa
Curioso día el sábado, el día del descanso si hacemos caso a su etimología, aunque no resultó ser tal. Tenía apuntada la cita desde hace un mes con la Quincena Musical (sin necesidar esos trastos del infierno que usan a todas horas los desmemoriados, las agendas electrónicas) para la representación de Los Cuentos de Hoffman, espectáculo prometedor a todas luces (eso vendrá más tarde) con lo que tomé rumbo hacia esa capital de provincia tan querida por mí.
Como hombre de paz que soy iba con buenos propósitos: llegar prontito, aparcar, dar una vuelta para mirar discos de música clásica en una de las tiendas de una conocida cadena de venta de cultura y otros enseres, tomar un café y dirigirme al Kursaal.
Primera dificultad: aparcar. Reconozco que cuando voy a la capital me doy cierto aire a Paco Martínez Soria en “La ciudad no es para mí” (qué se le va a hacer, la boina me sienta muy bien y se me ha quedado encajada a rosca) por lo que pienso que meter el coche en un parking a las cuatro de la tarde será lo más fácil. Pues va a ser que no es tan sencillo porque primero hay que lograr entrar en el parking sin que se te cuelen los jetas que te abordan por los lados, y una vez dentro hay que usar las cartas del tarot para adivinar en qué planta puede estar la plaza que se ha librado.
Segunda dificultad: dinero. La tecnología al servicio de los ciudadanos. Como tengo que saldar deudas con la persona que me ha cogido la entrada intento que el noble acto de insertar un tarjeta de plástico en una ranura y darle a cuatro teclas se vea recompensado con unos billetes (da igual que sean nuevos o usados). Ya le dijo Pedro a Jesús hablando acerca del perdón: “Maestro, siete veces perdonaré si es necesario”, a lo que Jesús respondió: “Setenta veces siete habrás de perdonar”. Pues eso mismo, setenta veces siete intenté sacar dinero y otras tantas me lo negaron los innumerables cajeros del diablo. Me acordé de la pena negra, la Carmen de Barbastro y las señoritas de moral distraída de cierta localidad riojana, pero de nada sirvió. Como diría un ilustre caballero: ¿Por qué es todo tan complicado?
Frustrado, cabreado como un mono y encima en tierra extranjera de alguna manera había que hacer tiempo por lo que, aunque sin dinero tocaba ir a mirar discos. ¡Qué obscenidad de precios! Escuchar a Big Luciano cantando Che gelida manina no tiene precio, pero ¡caramba! 36 euros son muchos euros. Por lo tanto, aunque la estima que le tengo a la SGAE me lleva a desaprobar ciertas acciones ilegales que se pueden llevar a cabo valiéndose de los medios adecuados, me solidarizo con aquellos amantes del arte que no ven otro modo de poder gozar de las bellas melodías (los que usan los mismos medios para bajarse canciones de Melendi y otros pelones no entran en este grupo).
En resumen, toda la perfecta planificación se fue a tomar viento fresco y aportó un granito de arena más a mi tormentosa relación con la ciudad de las magdalenas (no va con doble sentido, porque va en minúscula).
Como hombre de paz que soy iba con buenos propósitos: llegar prontito, aparcar, dar una vuelta para mirar discos de música clásica en una de las tiendas de una conocida cadena de venta de cultura y otros enseres, tomar un café y dirigirme al Kursaal.
Primera dificultad: aparcar. Reconozco que cuando voy a la capital me doy cierto aire a Paco Martínez Soria en “La ciudad no es para mí” (qué se le va a hacer, la boina me sienta muy bien y se me ha quedado encajada a rosca) por lo que pienso que meter el coche en un parking a las cuatro de la tarde será lo más fácil. Pues va a ser que no es tan sencillo porque primero hay que lograr entrar en el parking sin que se te cuelen los jetas que te abordan por los lados, y una vez dentro hay que usar las cartas del tarot para adivinar en qué planta puede estar la plaza que se ha librado.
Segunda dificultad: dinero. La tecnología al servicio de los ciudadanos. Como tengo que saldar deudas con la persona que me ha cogido la entrada intento que el noble acto de insertar un tarjeta de plástico en una ranura y darle a cuatro teclas se vea recompensado con unos billetes (da igual que sean nuevos o usados). Ya le dijo Pedro a Jesús hablando acerca del perdón: “Maestro, siete veces perdonaré si es necesario”, a lo que Jesús respondió: “Setenta veces siete habrás de perdonar”. Pues eso mismo, setenta veces siete intenté sacar dinero y otras tantas me lo negaron los innumerables cajeros del diablo. Me acordé de la pena negra, la Carmen de Barbastro y las señoritas de moral distraída de cierta localidad riojana, pero de nada sirvió. Como diría un ilustre caballero: ¿Por qué es todo tan complicado?
Frustrado, cabreado como un mono y encima en tierra extranjera de alguna manera había que hacer tiempo por lo que, aunque sin dinero tocaba ir a mirar discos. ¡Qué obscenidad de precios! Escuchar a Big Luciano cantando Che gelida manina no tiene precio, pero ¡caramba! 36 euros son muchos euros. Por lo tanto, aunque la estima que le tengo a la SGAE me lleva a desaprobar ciertas acciones ilegales que se pueden llevar a cabo valiéndose de los medios adecuados, me solidarizo con aquellos amantes del arte que no ven otro modo de poder gozar de las bellas melodías (los que usan los mismos medios para bajarse canciones de Melendi y otros pelones no entran en este grupo).
En resumen, toda la perfecta planificación se fue a tomar viento fresco y aportó un granito de arena más a mi tormentosa relación con la ciudad de las magdalenas (no va con doble sentido, porque va en minúscula).
lunes, 6 de agosto de 2007
Aquí hay chuleta con patatas
En estos tiempos en los que el colorín nos invade traemos a la portada de nuestro magacín las
vacaciones de alguno de nuestros famosos (¡qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte!) que ha sido cazado por objetivos indiscretos allá en tierra lejana, donde nos trasladara la gran película “Carros de fuego” (la película viene de un libro, pero eso no le importa a casi nadie), recordada a partes iguales por el gran filme que es, así como por la inolvidable banda sonora de Vangelis (que le arrebató el Oscar a la mejor banda sonara nada más y nada menos que a “En busca del Arca Perdida”).
Que me desvío. La cuestión es que el ínclito enseñante y parrandero gernikarra ha sido
fotografiado haciéndose el despistado por las calles de esos parajes de Dios. ¿Qué se le ha perdido por allí al buen chaval? La versión oficial cuenta que ha ido a perfeccionar su ya de por sí elevado conocimiento de la lengua de Benny Hill, no vaya a ser que en “brown-dispatching” venideros reciba la feliz noticia de que debe mostrar sus conocimientos al mundo estudiantil en tal idioma.
Nosotros creemos saber los motivos reales por los que está allí y lanzamos ondas electromagnéticas al aire preguntándonos: ¿Quién es la joven que lo acompaña en la segunda foto? Todas las respuestas en la próxima edición de “Aquí hay chuleta con patatas”.
vacaciones de alguno de nuestros famosos (¡qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte!) que ha sido cazado por objetivos indiscretos allá en tierra lejana, donde nos trasladara la gran película “Carros de fuego” (la película viene de un libro, pero eso no le importa a casi nadie), recordada a partes iguales por el gran filme que es, así como por la inolvidable banda sonora de Vangelis (que le arrebató el Oscar a la mejor banda sonara nada más y nada menos que a “En busca del Arca Perdida”).Que me desvío. La cuestión es que el ínclito enseñante y parrandero gernikarra ha sido
fotografiado haciéndose el despistado por las calles de esos parajes de Dios. ¿Qué se le ha perdido por allí al buen chaval? La versión oficial cuenta que ha ido a perfeccionar su ya de por sí elevado conocimiento de la lengua de Benny Hill, no vaya a ser que en “brown-dispatching” venideros reciba la feliz noticia de que debe mostrar sus conocimientos al mundo estudiantil en tal idioma.Nosotros creemos saber los motivos reales por los que está allí y lanzamos ondas electromagnéticas al aire preguntándonos: ¿Quién es la joven que lo acompaña en la segunda foto? Todas las respuestas en la próxima edición de “Aquí hay chuleta con patatas”.
domingo, 29 de julio de 2007
Cachi-Bachi
No se trata de una bebida alcohólica ni del último extranjero fichado por la Real, sino del punto de encuentro de algunos de los esforzados profesores de Eskola, una especie de reunión de Departamento que se celebra en un lugar privilegiado de la costa guipuzcoana alrededor, por supuesto, de una buena mesa.

El menú, modesto, se preveía estuviera compuesta por tortilla de patata y agua para todos, aunque el alto precio del tubérculo alavés obligó a cambiar tan suculento manjar por unas muelas de buey de mar (que se resistían a ser descascarilladas), rape a la parrilla, chuleta, pantxineta (recién hecho el hojaldre), cafeses y copas (algunos hasta nos metimos un par de huevos fritos). Todo ello regado por buenos caldos y gozando de la brisa marina y las vistas a la playa. Casi nada.
Tras los postres, actuación de grupos musicales invitados provistos de acordeón, armónica y guitarra. Si algún día (Dios no lo quiera) se va Eskola a pique, intentaremos ganarnos el pan con la música, jeje. Lo reconozco, disfruté como un enano terminando como se debe hacer cuando se juntan a comer los vascos de bien (y los ciudadanos del mundo), cantando a pleno pulmón (hasta aburrir a más de uno).

Siete y media de la tarde. Es hora de levar anclas, pero los musiqueros no quieren parar y en alegre kalejira (algunos cobardones avergonzados guardan la distancia) nos dirigimos a una terraza donde continuamos con nuestras andanzas que son seguidas con atención por espectadores singulares como Karlos Argiñano (no cuaja la idea de cantar “El conejo de la Loles”, no vaya a ser que saque a su hija de Eskola).
Para acabar un día de fiesta excepcional y dado que empieza a hacer hambre, toca pensar en la cena: un platito combinado en Arrasate y vueltilla para despedirse del pueblo, vuelta fructífera, algún empresario hostelero que se cree en deuda con el gremio académico saca una ronda debalde y así vamos tirando la noche...
Nos lo habíamos ganado.

El menú, modesto, se preveía estuviera compuesta por tortilla de patata y agua para todos, aunque el alto precio del tubérculo alavés obligó a cambiar tan suculento manjar por unas muelas de buey de mar (que se resistían a ser descascarilladas), rape a la parrilla, chuleta, pantxineta (recién hecho el hojaldre), cafeses y copas (algunos hasta nos metimos un par de huevos fritos). Todo ello regado por buenos caldos y gozando de la brisa marina y las vistas a la playa. Casi nada.
Tras los postres, actuación de grupos musicales invitados provistos de acordeón, armónica y guitarra. Si algún día (Dios no lo quiera) se va Eskola a pique, intentaremos ganarnos el pan con la música, jeje. Lo reconozco, disfruté como un enano terminando como se debe hacer cuando se juntan a comer los vascos de bien (y los ciudadanos del mundo), cantando a pleno pulmón (hasta aburrir a más de uno).

Siete y media de la tarde. Es hora de levar anclas, pero los musiqueros no quieren parar y en alegre kalejira (algunos cobardones avergonzados guardan la distancia) nos dirigimos a una terraza donde continuamos con nuestras andanzas que son seguidas con atención por espectadores singulares como Karlos Argiñano (no cuaja la idea de cantar “El conejo de la Loles”, no vaya a ser que saque a su hija de Eskola).
Para acabar un día de fiesta excepcional y dado que empieza a hacer hambre, toca pensar en la cena: un platito combinado en Arrasate y vueltilla para despedirse del pueblo, vuelta fructífera, algún empresario hostelero que se cree en deuda con el gremio académico saca una ronda debalde y así vamos tirando la noche...
Nos lo habíamos ganado.
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