miércoles, 16 de abril de 2008

Payasos

Es labor complicada la de los payasos, hacer a los demás reír cuando quizás ellos están abatidos, tristes, acongojados o simplemente, el día ha amanecido nublado y no desean que nadie en el mundo ría. Sin embargo, el payaso debe seguir riendo, como nos recuerdan el tango y la ópera.

Ríe, Payaso

El payaso con sus muecas y su risa exagerada,
nos invita, camaradas, a gozar del carnaval;
no notáis en esa risa una pena disfrazada,
que su cara almidonada, nos oculta una verdad.

Ven payaso, yo te invito, compañero de tristezas,
ven y siéntate a mi mesa si te quieres embriagar;
que si tu tienes tus penas yo también tengo las mías
y el champagne hace olvidar.

Ríe, tu risa me contagia con la divina magia
de tu gracia sin par.
Bebamos mucho, bebamos porque quiero,
con todo este dinero hacer mi carnaval.

Lloras, payaso buen amigo.
No llores que hay testigos que ignoran tu pesar;
seca tu llanto y ríe con alborozo,
a ver, pronto, ¡che mozo, tráigame más champagne!

Yo, también, como el payaso de la triste carcajada,
tengo el alma destrozada y también quiero olvidar;
embriagarme de placeres en orgías desenfrenadas
con mujeres alquiladas entre música y champagne.

Hace uno año, justamente, era muy de madrugada,
regresaba a mi morada con deseos de descansar;
al llegar vi luz prendida en el cuarto de mi amada...
es mejor no recordar.

I Pagliacci

Recitar! Mentre preso dal delirio
non so più quel che dico e quel che faccio!
Eppure... è d
'uopo... sforzati!
Bah, seti tu forse un uom?
Tu sei Pagliaccio!

Vesti la giubba e la faccia infarina.
La gente paga e rider vuole qua.
E se Arlecchin t
'invola Colombina
ridi, Pagliaccio e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
in una smorfia il singhiozzo e
'l dolor...

Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore infranto,
ridi del duol che t
'avvelena il cor!


Actuar, cuando tu mente es presa del delirio
No se lo que digo y lo que hago
Y aun así, debes esforzarte.
Bah, … acaso eres un hombre
Tu eres Pagliaccio

Ponte la túnica, y la cara con harina.
La gente paga para reir en ese momento.
Y si Arlequín se lleva a Colombina
Ríe payaso, que todos aplaudirán!
Transforma los espasmos del llanto
en una burla al dolor.

Ríe payaso, sobre tu amor destrozado,
Ríe del dolor que te envenena el corazón.

lunes, 10 de marzo de 2008

Ci vediamo, Pippo

Si les dijera que ha muerto di Stefano todos se apresurarian a acudir a los periódicos porque seguro que en primera plana se daría cuenta del deceso del astro futbolístico, o verían el noticiario de la noche donde sería noticia de cabecera.

No se asusten, parece que a Don Alfredo le queda cuerda para un rato. El que falleció ocupando sólo unos instantes –y no en todos los programas- fue el legendario Giuseppe di Stefano, uno de los grandes tenores del siglo XX. Alcanzó la gloria en vida, aunque fuera de manera efímera, pero de sus méritos podrán leer historias en cualquier foro o página del ramo.

Mi experiencia con Pippo se remonta a la época cada vez más lejana de estudiante donde, mirando la pela, recorría las ferias de discos de ocasión. En una de ellas encontré una colección de CD’s muy barata (realmente barata, creo que eran 10 CDs por 3000 pesetas de la época) ideal para regalar a mi padre, que incluía una selección de los mejores artistas del género. Para qué negarlo, la colección resultaba ser infumable en cuanto a su calidad sonora, pero aún así pude descubrir una voz que me enamoró desde el primer momento: una voz vibrante y cálida con la que me sentía totalmente identificado. Un poco más tarde un doble disco con grabaciones en estudio dio el espaldarazo definitivo a un flechazo que dura hasta hoy.

Evidentemente, no es oro todo lo que reluce y más adelante me enteré de que di Stefano estuvo en lo más alto unos diez años, que probablemente se equivocó en la evolución de su repertorio y malogró uno de los talentos naturales más grandes de la segunda mitad de siglo XX llegando a cascar la voz totalmente (tiene editado un disco precioso de grabaciones históricas en directa donde se sale en todos los cortes salvo en dos de los años 1962 y 1963 donde la voz le falla, los agudos están calados, y prácticamente va persiguiendo a la música durante toda la interpretación), que era perezoso y no acudía a los ensayos con regularidad por lo que le costaba horrores aprenderse ciertos papeles, … Pero todo ello no hace sino elevar a la categoría de mito a un cantante que de por sí tiene lugar reservado en el Olimpo musical.

Algunos pretenden recordarle sólo como el tenor que acompañó a Callas formando probablemente la pareja más celebre de la historia de las grabaciones operísticas, pero algunas opiniones de sus compañeros de profesión nos hacen ver que fue algo más:

“El pudo haber sido el más grande de entre todos nosotros”, Jussi Bjorling (otro grandísimo).
“¡Oh, cómo deberíamos atesorar sus años de oro!”, Giulietta Simionatto (compañera de fatigas y sufridora de los olvidos de Pippo).
“Quiero hacer sentir a la gente lo mismo que sintieron cuando escuchaban a di Stefano”, José Carreras.

Por todo esto y mucho más, permanecerá siempre en nuestra memoria.

Un poco más lejos... un poco más cerca

Se ha generado en torno al Athletic todo un mundo de creencias y supersticiones que hacen temblar a cualquiera los días de partido: que si los días de viento sur no le convienen, que si cuando se tributa algún homenaje o hay cualquier acto antes de comenzar el partido el equipo pierde, que si tal y que si cual, ...

De esta guisa el partido de ayer contra el Valladolid tenía una pinta horrorosa: día ventoso con amenaza de tormenta y chaparrones intermitentes, homenajes varios, visita de Mendilibar, ... Por tanto, pasó lo que tenía que pasar y los primeros minutos tuvieron un ambiente enrarecido y ajeno a San Mamés que suele esperar a levantar el runrún contra el equipo a que éste vaya perdiendo. Sin embargo, el Athletic se saltó el guión haciendo gala, por una vez, de una eficiencia casi desconocida por estos lares y sacando adelante un partido con ciertas dosis de fortuna y oportunismos: todas las circunstancias que habitualmente resultan contrarias ayer se pusieron a favor: gol tempranero, expulsión de un contrario, gol de churro.

Los de la botella medio vacía tienen razones para alzar la voz y protestar por una victoria pírrica y que tardó en llegar (7 minutos de descuento), pero hay veces en que lo más importante es el qué y no el cómo. Generalmente, en el cómo se fijan los perdedores (si no, no había más que escuchar la COPE ayer anoche).

Los de la botella medio llena tenemos que estar preocupados porque sabemos que esta forma de ganar es pan para hoy y hambre para mañana, pero dentro del sufrimiento preferimos quedarnos con lo bueno (Gabilondo redivivo, Llorente asistente además de goleador, puerta a cero) porque si no los lunes se harían muy largos.

El sábado que viene toca viajar a Heliópolis donde otra vez la máquina de los tópicos se pondrá en marcha: la maldición del Athletic con el Betis, ... Vamos a ganar

lunes, 25 de febrero de 2008

La ciudad no es para mí (susedido de un irunés primerizo en temas de altos vuelos)

NOTA: Ésta crónica debería haber sido publicada hace tres semanas. Diversas causas ajenas a mi voluntas lo han hecho imposible.

En muchas ocasiones les he comentado que un servidor es muy aldeano y que tiene muy poquito mundo. Es cierto, y como muestra de ellos aquí va este botón.

Por circunstancias de la vida de las que hablaremos en otro momento he tenido el privilegio de ser elegido para una actividad de formación a desarrollar en Madrid, un curso de VHDLs y FPGAs. Esto no supondría ninguna problema para ninguna persona en el mundo, excepto para aquellas a las que se les dispara la tensión cuando tienen que salir de casa, como es mi caso.

Después de estar bromeando toda la semana sobre cómo sería el viaje, al final el resultado superó ampliamente las expectativas de show. Yo me veía como Paco Martinez Soria en la gran ciudad con un cesto lleno de gallinas en un brazo y un cuadro en el otro (en ese gran clásico del cine que da título a este post y que ha sido tantas veces emitido en “Cine de barrio”), habida cuenta que era mi primer viaje en avión (ya sé que suena a ciencia-ficción, pero supongo que conocerán ustedes a más gente que jamás haya montado en aeroplano).

Primer paso: Ir al aeropueto con antelación. Esto estaba dominado. Las matemáticas las aprobé hace tiempo, me habían dicho que convenía estar una hora antes en el aeropuerto, más otra hora de trayecto en coche y media de margen de maniobra, madrugón sobre las tres de la mañana para coger el vuelo de las 6.45. Pues bien, con tanto comentario de la jugada el día anterior, en algún momento se cruzaron los cable y pasé a pensar que el vuelo era a las 7.45, por lo que media hora escasa antes de despegar estaba tranquilamente en el parking del aeropuerto escuchando las noticias.

De repente... se hilo la luz. ¡Coño! ¡Si hace media hora que tenía que haber estado en la terminal! Con el corazón en un puño aprieto el paso y entro por la puerta de salidas del aeropuerto. Llevo imprimido el resguardo de reserva del billete y veo que tengo que ir a la puerta tres. Y cuando llego a la cola para pasar por el detector de metales un señor trajeado me dice cuando ve mi papelote impreso:

-Eso no me vale
-¿No?- Le enseño el DNI (6.20 de la mañana, 25 minutos para el despegue)
-Me tiene usted que traer la tarjeta de embarque.
-¿Endevé?
-La tarjeta de embarque.
-¿Y eso dónde lo dan? (Me recuerda a la señora del Fibergran y el herbolario).
-Va usted a cualquier ventanilla de Iberia y la pide.

6.22. Con el corazón desbocado y rozando la desesperación, el avezado viajero se dirige a uno de los mostradores de Iberia (menos mal que me pasó en Bilbao y no en un aeropuerto más grande).
-Buenos días
-Buenos días
-Vengo a por la tarjeta de embarque- digo con un chisguete de voz, a lo que la señora, malencarada donde las haya, responde:
-Viene usted muy tarde (póngase voz de señora cabreada).

¡Eso ya lo sé yo también! A trancas y barrancas consigo que ese dechado de amabilidad que tiene Iberia por dependienta me dé la dichosa tarjeta de embarque.

Tras un Padrenuestro y dos Avemarías salimos rumbo a la tierra del chotis. A partir de ahí todo va miel sobre hojuelas. Dos horas atascado en un taxi en la M-40. Llego una hora tarde al curso. En la vuelta al hotel me tiro más de una hora en el Cercanías de Renfe. Estrés, sofocos, ... Gorroto!

Total, que a mi vuelta a Loiu estuve a punto de besar el suelo como hace el Papa.

Estoy vigilando un examen con la cabeza como un bombo, fiebre que noto cada vez está más alta, toses y moquillo como los perros. Y eso que sólo estuve dos días. La semana que viene que tengo que estar tres, ¿qué más me puede pasar?

Respuesta: más de una semana de baja con fiebre interminable e infección de garganta. Eli, Eli, lema sabachthani.

martes, 22 de enero de 2008

Leones en la niebla

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces. El autor de semejante cita no conocía a los jugadores del Athletic, que son capaces no ya de tropezar dos sino hasta setenta veces siete en las piedras de la contemplación, la incompetencia y la sinsustancia (perdón por el palabro).

Apenas cuatro días después de reavivar la llama de la esperanza y atrapados en la niebla, nuestros leones son capaces de deambular por el prado cual zombis de película de terror de serie B. Y claro, dentro de esta película de terror de chichinabo hay artistas principales, como los que van de listos intentando provocar una expulsión y acaban chocando frente con frente con el rival, que es más listo que el hambre, y es quien fuerza la expulsión del cazador que una vez más resulta cazado y despedido al grito de “¡Tonto, tonto!”.

Es lo que pasa cuando una juega a la picardía, que al igual que en el lejano Oeste, siempre hay alguien más rápido y más listo, y en este caso la mayoría son más rápidos y más listos que los nuestros.

Lo peor de todo es que no existe propósito de enmienda, que es harto probable que una de éstas se vuelva a repetir en un corto periodo de tiempo con el mismo protagonista, o con otro. Y el entrenador sigue pulsando en una máquina que echa borrones de tinta uno tras otro y apenas alcanza a escribir dos palabras sin que se tuerza el renglón.

¿Y en Santander? Ganar y volver.

jueves, 10 de enero de 2008

Patochada

Una de las sensaciones más futboleras que puede haber es la de ir a San Mamés un miércoles de Copa. Parece que nada va a suceder en una tarde invernal de miércoles y, de repente, los vomitorios empiezan a escupir hinchas que llegan con la esperanza de reverdecer laureles y recuperar tardes de gloria.

Y de repente... la cruda realidad. A cinco minutos para comenzar el partido, un campo casi centenario asiste con bochorno a un borrón impropio de un club serio: los operarios del campo están repintando las antiguas líneas de banda devolviendo al terreno de juego sus dimensiones habituales que había perdido instantes antes por mor de una argucia del entrenador.

No entraré a discutir si es legal o no, y no me vale como excusa la que apuntaba Caparrós en la rueda de prensa tras el partido: “Otros equipos no riegan el césped cinco desde cinco días antes de la visita del Athletic y dejan crecer la hierba”. Suena a excusa de niño pequeño.

Todo esto me recuerda a las que montaba Napoleón de Tarifa, hombre dado al capricho y bufón de la corte al que se le rieron las gracias mientras todo iba bien: los kleenex de Antic en la rueda de prensa, supersticiones varias como que perder el primer partido le daba suerte, ...

Caparrós tiene que aprender que todavía no tiene el crédito suficiente para andar con semejantes patochadas.

Por cierto, otro triste empate que dejó en evidencia todas las carencias del equipo. Pero bueno... mientras hay vida hay esperanza y habrá que ver si la montaña olímpica hace reavivar la tenue llama que casi no nos alumbra por los senderos pedregosos por los que nos movemos desde hace tiempo.

lunes, 7 de enero de 2008

Vuelta la burra al trigo

Cuenta la anécdota que Alfredo Di Stefano, en un día de entrenamiento y visiblemente enfadado, dijo a uno de sus guardametas: “Bien está que no me pare usted las que van dentro, pero no me meta también las que van fuera”. Algo similar podría haber dicho ayer Caparrós a Fernando Llorente, viendo las ocasiones que desperdició y maldiciendo la desgraciada jugada en que un balón, que no se sabe si iba dentro, acabó en la portería del Athletic tras rebotar en el rostro del ariete rojiblanco.

Una vez más - no se sabe cuántas van ya- y apelando a fecha tan señalada los jugadores del Athletic se vistieron de Reyes Magos, y repartieron regalos: tres puntos para los seguidores del Racing y paladas de carbón para los suyos. Los que apelan a la seguridad defensiva, y perdónenme la socarronería, dirán que, a diferencia del año pasado, el equipo encajó un único gol en lugar de cinco.

El resto estamos con el tembleque mirando la clasificación, viendo que el equipo no ve puerta y que algunos otros están empezando a apretar. En cuatro partidos hemos pasado de ser el primero a ser el último en el pelotón de los torpes, y una vez más, lo único que nos libra de estar en puestos de descenso es que, por el momento, hay tres peores.

Yo ya he recuperado sensaciones de años anteriores y tengo preparado el traje de batalla para cantar cada gol que metamos de churro y las victorias conseguidas en el último segundo, pero ya se sabe que quien anda con fuego se acaba quemando, y las chispas de la hoguera caen cada vez más cerca.

Y el miércoles, Copa.