Con un poquito de retraso sobre el horario previsto (como Iberia) toca hacer crónica del fin de curso acontecido en la víspera de San Ignacio en que niños y mayores de Eskola se reunieron alrededor de una mesa. Pero en esta ocasión no pretendo que a los lectores se les haga la boca agua con un listado de los suculentos manjares de los que se dio cuenta en dicho encuentro, ni siquiera cantaré las maravillas de ese templo de la cocina que, gobernado por el ínclito JMZ, cada año nos deja con ganas de más.
Hoy quiero hablar de una de las más antiguas, mayores y mejores costumbre que los vascos de bien han tenido desde tiempo atrás una vez que finaliza la danza estomacal y estamos degustando buenos y variados digestivos. Evidentemente, hablo de cantar alrededor de la mesa. Aquí (“Ni bizi naizen herrian”, como decía la canción de Oskarbi) han cantado las cuadrillas cuando iban de txikiteo (todavía me acuerdo de pequeño cuando alguna vez mi padre me paseaba por los bares de la Plaza Urdanibia de haber escuchado a un puñado de estos singulares personajes en extinción hacer callar a un bar y ponerse a entonar a voces desde la canción más serie y solemne hasta algún verso en tono de humor), han cantado nuestras madres y amonas con la música de la radio o ellas consigo mismas a la hora de preparar la comida o mientras empuñaban la escoba, y fundamentalmente se ha cantado mucho y bien alrededor de la mesa.
Los temas podían ser de lo más variable: populares vascas (no hablo de las compañeras de partido de la recién dimitida María), habaneras y rancheras (que siempre han gozado de cariño por estos lares), bilbainadas y canciones de tasca. Sea lo que fuere se cantaba con gusto y placer para deleite de intérpretes y oyentes.
¿Qué pasa hoy? En los bares no se canta porque hay música puesta a todo trapo y porque la gente no se sabe esas canciones que estaban hechas para cantar a capella o con acompañamiento humilde; no se oye a gente cantando por los pasillos del trabajo o al cocinar; apenas se aprecian unas poquitas voces que intentan empezar a cantar en grandes comidas de empresa o festejos de pelaje similar ante la mirado de asombro y vergüenza ajena de los demás.
¿Qué esperanza nos queda? ¿Tendremos que hacer caso a Jorge Manrique cuando decía aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”? No os preocupéis que yo canto por todos. ¡Que tiemble el vecindario mientras preparo la cena!
*Esta arenga pertenece a la obra “Kanta berri” del maestro Pablo Sorozabal
jueves, 7 de agosto de 2008
Chantons mes chers amis! *
lunes, 28 de julio de 2008
Si, pero donde estén los clásicos
Supongo que los que visitan este cajón de sastre ya tendrán vista esta película que pasa por ser referente absoluto dentro de los “dibujos animados” y probablemente la mayoría, al igual que la práctica totalidad de críticos y aficionados, tendrán las cintas del ogro verde en un altar.
La verdad es que tanto Shrek como Shrek 2 están muy bien (no he podido ver la tercera): humor irreverente para adultos, algún personaje extraordinariamente gracioso como Asno, crítica a calzón quitado del pomposo mundo de Disney, referencias cinematográficas a tutiplén, y en definitiva un ritmo que no decae y hace que los aproximadamente 80-85 minutos de cada película pasen ni demasiado deprisa ni demasiado despacio.
Y sin embargo, me falta algo. Quizás es porque como los antiguos sigo concibiendo el cine de dibujos animados como algo para niños o para mayores que recuerdan como fueron niños, y por eso dentro de los tiempos modernos me quedo con “Buscando a Nemo”.
Pero si tenemos que hablar de largometrajes de animación, falta la estrella absoluta, aquélla que nos lleva 70 años atrás: “Blancanieves y los siete enanitos”. (Por favor, dejen de reír a mandíbula batiente).
La película lo tiene todo: dibujos bonitos, temas musicales extraordinarios, una historia sencilla con su punto de misterio (a mí la madre de Blancanieves me sigue dando miedo). Las escenas en que participan los enanitos son memorables: la salida de la mina, el baile con Blancanieves, el paso por el pilón para lavarse antes de cenar, el velatorio del cuerpo de Blancanieves cuando la creen muerta, ... ¿Por qué hay que empeñarse en destruir ese mundo de fantasía si es realmente fantástico?
A los que no la hayan visto: dadle una oportunidad. No la despreciéis porque os parezca algo de otro tiempo. Y si podéis, hacedlo con el doblaje latinoamericano (la última versión en español ibérico pierde encanto).
viernes, 18 de julio de 2008
No hay que llegar primero, pero hay que saber llegar
lunes, 14 de julio de 2008
Un año más sin el Príncipe
Sea como fuere todavía pervive la legión de seguidores marianistas en Francia y también en Irun, algunos de los cuales, entre los que me incluyo, tararean a menudo sus melodías. Melodías que son de toda clase y condición: aquí han llegado con mayor fuerza las cantadas en español pero si hiciéramos un repaso de la discografía de Luis Mariano veríamos que hizo todo tipo de grabaciones: melodías sudamericanas, versiones de los clásicos de la época (West Side Story, ¿Qué será, será?, Volare, C'est magnifique y I love Paris, dos hits de Cole Porter), canciones de Navidad, napolitanas, algún tema en euskera (Maite, Ezin aztu y Aurtxoa seaskan), ... Por tanto, su trascendencia musical es eminemtemente superior a las archirepetidas cancionetas folklóricas que suelen poner los medios del Reino.
Por ejemplo, no se puede tomar como algo baladí que uno de los más grandes tenores surgidos en la dos últimas decadas, como es Roberto Alagna, haya dedicado uno de esos discos en que los divos se salen de su repertorio, a grabar algunas de las canciones que popularizó Luis Mariano (por cierto, para mi gusto lo ha hecho con fortuna desigual, puesto que son dos voces totalmente distintas y algunos de los nuevos arreglos tienen también tela marinera).
Con todo esto, habrá que poner una pequeña selección que sirva de botón de muestra a la susodicho. La elección no ha sido sencilla, pero por su significación allá van tres fragmentos:
1. Maman, la plus belle du monde. Preciosa canción cantada con voz suave y calida en homenaje a la madre.
2. Mexico. Tema central de la opereta y posterior película "El cantor de México". Pongo la versión francesa porque es de la que he encontrado el vídeo. En la versión castellana la letra cambia un poco pero en ambos casos el dominio de la voz con el falsete en la primera parte y el final a plena voz resultan apoteósicos.
3. Maite. Parece una grabación tardía en algún programa especial dedicado al cantante en TVE. Es por eso que la canta en la versión original del maestro Sorozabal en castellano pese a que la versión grabada en estudio es uno de los temas que dejó grabados en euskara.
Aquí acaba este pequeño homenaje de hoy a este artista que muchos llevan en el corazón y que cerquita de la preciosa casa que mandó construir según su propio diseño, está enterrando en Arcangues (Arrangoitze), en una modesta tumba en la que nunca faltan flores.
Decíamos ayer
Y cierto es que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que asomábamos por esta ventanita, y además, la última intervención había tenido un sabor amargo a hiel revenida. Quizás por eso este tiempo prudencial que nos hemos tomado durante el cual hemos emprendido unas cuantas huidas hacia adelante de incierto resultado.
Sea como fuere se han ido estos tres meses con más sombras que luces, y es que al igual que pasa con los toros, últimamente anda mucha alimaña suelta que ni siquiera permite hacer una faena de apaño a los toreros que como servidor, no andan servidos de calidad pero tienen afán.
Lo mejor de estos dos meses ha estado como siempre en el terruño del Bidasoa allá por finales de junio, ahí donde no existen no ya frailes y moscas que decía don Pío, sino que no existen móviles ni hojas de cálculo (aunque casi se me amarguen las fiestas), reuniones ni cargas, ...
Con todo mi cariño a todos aquellos de anchas miras a los que el
Regalo mi parte del mundo. Ya queda menos para el año que viene.
miércoles, 16 de abril de 2008
Payasos
Ríe, Payaso
El payaso con sus muecas y su risa exagerada,
nos invita, camaradas, a gozar del carnaval;
no notáis en esa risa una pena disfrazada,
que su cara almidonada, nos oculta una verdad.
Ven payaso, yo te invito, compañero de tristezas,
ven y siéntate a mi mesa si te quieres embriagar;
que si tu tienes tus penas yo también tengo las mías
y el champagne hace olvidar.
Ríe, tu risa me contagia con la divina magia
de tu gracia sin par.
Bebamos mucho, bebamos porque quiero,
con todo este dinero hacer mi carnaval.
Lloras, payaso buen amigo.
No llores que hay testigos que ignoran tu pesar;
seca tu llanto y ríe con alborozo,
a ver, pronto, ¡che mozo, tráigame más champagne!
Yo, también, como el payaso de la triste carcajada,
tengo el alma destrozada y también quiero olvidar;
embriagarme de placeres en orgías desenfrenadas
con mujeres alquiladas entre música y champagne.
Hace uno año, justamente, era muy de madrugada,
regresaba a mi morada con deseos de descansar;
al llegar vi luz prendida en el cuarto de mi amada...
es mejor no recordar.
Recitar! Mentre preso dal delirio
non so più quel che dico e quel che faccio!
Eppure... è d
Bah, seti tu forse un uom?
Tu sei Pagliaccio!
Vesti la giubba e la faccia infarina.
La gente paga e rider vuole qua.
E se Arlecchin t
ridi, Pagliaccio e ognun applaudirà!
Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;
in una smorfia il singhiozzo e
Ridi, Pagliaccio, sul tuo amore infranto,
ridi del duol che t
Actuar, cuando tu mente es presa del delirio
No se lo que digo y lo que hago
Y aun así, debes esforzarte.
Bah, … acaso eres un hombre
Tu eres Pagliaccio
Ponte la túnica, y la cara con harina.
La gente paga para reir en ese momento.
Y si Arlequín se lleva a Colombina
Ríe payaso, que todos aplaudirán!
Transforma los espasmos del llanto
en una burla al dolor.
Ríe payaso, sobre tu amor destrozado,
Ríe del dolor que te envenena el corazón.
lunes, 10 de marzo de 2008
Ci vediamo, Pippo
No se asusten, parece que a Don Alfredo le queda cuerda para un rato. El que falleció ocupando sólo unos instantes –y no en todos los programas- fue el legendario Giuseppe di Stefano, uno de los grandes tenores del siglo XX. Alcanzó la gloria en vida, aunque fuera de manera efímera, pero de sus méritos podrán leer historias en cualquier foro o página del ramo.
Mi experiencia con Pippo se remonta a la época cada vez más lejana de estudiante donde, mirando la pela, recorría las ferias de discos de ocasión. En una de ellas encontré una colección de CD’s muy barata (realmente barata, creo que eran 10 CDs por 3000 pesetas de la época) ideal para regalar a mi padre, que incluía una selección de los mejores artistas del género. Para qué negarlo, la colección resultaba ser infumable en cuanto a su calidad sonora, pero aún así pude descubrir una voz que me enamoró desde el primer momento: una voz vibrante y cálida con la que me sentía totalmente identificado. Un poco más tarde un doble
disco con grabaciones en estudio dio el espaldarazo definitivo a un flechazo que dura hasta hoy.Evidentemente, no es oro todo lo que reluce y más adelante me enteré de que di Stefano estuvo en lo más alto unos diez años, que probablemente se equivocó en la evolución de su repertorio y malogró uno de los talentos naturales más grandes de la segunda mitad de siglo XX llegando a cascar la voz totalmente (tiene editado un disco precioso de grabaciones históricas en directa donde se sale en todos los cortes salvo en dos de los años 1962 y 1963 donde la voz le falla, los agudos están calados, y prácticamente va persiguiendo a la música durante toda la interpretación), que era perezoso y no acudía a los ensayos con regularidad por lo que le costaba horrores aprenderse ciertos papeles, … Pero todo ello no hace sino elevar a la categoría de mito a un cantante que de por sí tiene lugar reservado en el Olimpo musical.
Algunos pretenden recordarle sólo como el tenor que acompañó a Callas formando probablemente la pareja más celebre de la historia de las grabaciones operísticas, pero algunas opiniones de sus compañeros de profesión nos hacen ver que fue algo más:
“El pudo haber sido el más grande de entre todos nosotros”, Jussi Bjorling (otro grandísimo).
“¡Oh, cómo deberíamos atesorar sus años de oro!”, Giulietta Simionatto (compañera de fatigas y sufridora de los olvidos de Pippo).
“Quiero hacer sentir a la gente lo mismo que sintieron cuando escuchaban a di Stefano”, José Carreras.
Por todo esto y mucho más, permanecerá siempre en nuestra memoria.


